Por fuera, son unas gafas.
140 mm de ancho, puente de 20 y lentes de 50 × 39. Donde otras gafas llevan la cámara, aquí solo hay acetato.
Diseñé unas gafas de realidad aumentada sin cámara y sin micrófono. Te enseñan lo que necesitas para trabajar y no pueden ver ni oír a nadie.
Primero fue una biblioteca. Luego los cafés, las aulas y las salas de reuniones. En la puerta, un pictograma: unas gafas con una cámara, tachadas. Nadie quería sentarse frente a alguien que podía estar grabando.
Así que quité lo que daba miedo. Sin cámara no hay foto. Sin micrófono no hay grabación. Lo que queda es una pantalla que solo es para ti.

Ven lo que tú necesitas. No ven a nadie.
140 mm de ancho, puente de 20 y lentes de 50 × 39. Donde otras gafas llevan la cámara, aquí solo hay acetato.
Delante, el proyector y la placa. Detrás de la oreja, la batería, que equilibra el peso. La varilla derecha es un panel táctil.
Dos proyectores, dos baterías y una sola placa. El peso se reparte entre la nariz y las orejas para que puedas llevarlas toda la jornada.
Una cubierta que protege, la guía de ondas que lleva la imagen hasta tu ojo y un inserto magnético con tu graduación.
No llevan luz de grabación porque no hay nada que grabar. Arrastra la línea.
La imagen no se pinta sobre la lente: viaja por dentro de ella. Un microproyector la mete por el borde, el cristal la lleva rebotando y una red grabada en la lente la saca hacia tu ojo.

Blindtelligence no existe. Es una demo de webs de producto: las especificaciones son de ficción, aunque la óptica funciona como se explica.